La Para – Muestra temporaria de arte de la artista Candelaria Silvestro

Adelanto de muestra de Candelaria Silvestro en el Yolanda Ortiz

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Leyendo su poblada síntesis curricular, no resulta extraño que la artista Candelaria Silvestro tenga en su haber diversos premios importantes en Argentina y Brasil. Luce también una larga lista de exposiciones, incluyendo el Paláis de Glace y la Fundación Nacional de Arte Sao Paulo. En esta ocasión expone en el Centro Yolanda Ortiz de la localidad de La Para en Córdoba. Luego de un año de salas cerradas esta exposición reinstala una muestra después de un año en la provincia. A su vez gran parte de la misma que adelantemos a días de la inauguración, se elaboró durante la pandemia, por lo que nadie las ha visto, y es fruto de un posicionamiento ante la misma.

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Tengo a la con vista trabajos suyos que me devuelven a las incansables disyuntivas de la tentativa crítica. ¿Cómo armamos un concepto desde la impresión, desde ese impacto que nos genera una obra capaz de conmover o movilizar? Si el artista es genuino, es seguro que fracasaremos porque, como quería Don Crisóstomo, el artista no imita, revela lo que no se ve. El crítico entonces tendría que poner en palabras algo de naturaleza intraducible. Algo que no guarda correspondencia con el lenguaje medio.

 

De lo contrario, presumiría de saber más que el artista sobre su propia obra. Quizá la expresión poética, si fuera inspirada, si naciera de una intuición poderosa, podría hacerse correlativa a la experiencia siempre misteriosa de la contemplación estética. Por eso prefiero hablar de lo que a mí me sucede frente a las imágenes, las fuertes, bellas, e incisivas imágenes que Candelaria ha encontrado y ha sabido sublimar.

Sin que se pueda establecer un único vaso comunicante entre sus trabajos, queda claro que hay en su pintura una nostalgia de la plenitud. La obsesión de Candelaria es lo que Jaspers denominaba lo circunvalante, aquello que nos rodea y no solo en forma física. Esa frontera perceptiva se traduce incluso en el cese del color. Sus figuras están aprisionadas, acechadas por oscuridades turbulentas. El color está cautivo. Pero esta sintaxis se resuelve formalmente en una fina gramática de delicadeza tonal y afiebradas líneas. Jaulas y metáforas de encierro. El color de Candaleria es bello por lo frágil, es emotivo y lánguido. Se aleja, habita el cuadro casi como abandonado por la autora en ese trance que grita la oscuridad de lo inmediato. Hay en ello algo de plegaria y de lamento sensual. Vivir es hoy un acontecimiento amputado y peligroso. Las pinturas que vamos a ir viendo traducen un momento del mundo enfocado desde una extrema sensibilidad.

Sutil en las figuras, abstracta en los entornos, Candelaria es igualmente política. No porque denuncie ni enuncie, sino porque la subjetividad procurada en sus construcciones nucleares aparece sitiada. Son las últimas flores de un mundo devastado, voraz e infame. Esto acredita el grado autentico del artista, ese decir primigenio, simbólico y subordinado al elemento. Ese amor por lo bello tan fiel, tan tierno, que no sabe ni quiere omitir la amurallada adversidad del presente.

 

Fuente: cosas de nadie

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