Escuelas rurales: redoblar el esfuerzo para seguir educando

La escuela rural Elpidio González ubicada en Colonia Amalia, a 12 kilómetros al norte de Devoto, está cerrada como todas las instituciones educativas del país.

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Allí no se escuchan las risas ni las voces de Danna, Matías, Martín, Kiara y Juan Pablo porque no pueden asistir como hacen diariamente para aprender junto a su maestra y directora Claudia Vietto. A ellos la pandemia también los dejó a cada uno en su casa.

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A la distancia y sabiendo el valor que tiene la escuela para estos niños, la docente no detiene el esfuerzo para que sigan aprendiendo y con las limitaciones de Internet y aparatos tecnológicos. Como ella dice, se la “rebusca” para que los cinco alumnos de primaria y los tres de jardín (Sergio, Rodrigo, Luciano, Axel y Leonardo a cargo de otra maestra), no dejen de aprender ni sentir cerca de su adorada escuela.

“Tuvimos poquitos días de clase presenciales y ante la pandemia, no tuvimos opción a cuestionarnos qué hacer, nos fuimos organizado como pudimos pero dando lo mejor de cada uno”, dijo Claudia la maestra y directora del establecimiento.

Cuando llegó la orden de suspender las clases y cerrar las aulas, la docente hizo un rápido  diagnóstico para saber que recursos tecnológicos contaba su comunidad. “Ninguno de los cinco chicos tiene una computadora y había cuatro teléfonos celulares con WhatsApp”, contó la maestra.

Frente a este panorama, la docente que vive con su familia en uno de los campos cercanos a la escuela, empezó a planificar y envía todos los días las actividades por teléfonos. Para el caso particular del alumno que le falta de esa tecnología, ella misma se encarga de llevarle el material de estudio. “Nos valemos de las plataformas de educación de la provincia de Córdoba y la Nación que tuve que adaptar a cada situación de mis estudiantes y también usamos los libros que tenemos disponibles en la biblioteca. Con mensajes y video llamadas podemos tener una comunicación fluida”, aseguró la seño.

Cerca de Devoto, la Escuela Elpidio González, cerrada y ante uno de los mayores desafíos. 

Saber de dificultades

Esta comunidad educativa conoce de momentos difíciles y distancias. En 2017, sufrieron una terrible inundación, lo que llevó a la docente a dar clases en su casa de marzo a junio, adaptando cada espacio para los chicos. “Lo que vivimos no se compara con esta pandemia. En aquel momento, las familias habían perdido sus casas, sus pertenencias y algunas llegaron a vivir en taperas. Los chicos saben lo que es no poder ir a clases y se adaptan a cada circunstancia. Viven el momento, pero valoran el esfuerzo que hacemos para seguir enseñándoles”.

 

“Nos cuidamos entre todos”

Todos los alumnos pertenecen a un radio de 8 kilómetros y para ellos, la Elpidio González, es un lugar especial. “Con la escuela rural hay un sentido de pertenencia inexplicable. Lo que veo en mis alumnos es que son como hijos míos. Cuando llegan a la escuela les pregunto cómo están, si pudieron desayunar, les pregunto qué necesitan. Para una familia de la zona rural llevar un chico a la escuela es complicado, porque tienen horarios de trabajo diferentes, a veces no pueden dejar y aunque existe la puntualidad, hay cuestiones que ajenas al trabajo de los padres que obligan a no a ser flexible”, explicó la seño.

“Este es un único espacio donde los estudiantes pueden encontrarse con niños de su edad y los padres, es el único lugar donde pueden tener un intercambio social. Todos somos amigos. Existe la confianza con respeto porque somos poquitos y nos cuidamos entre todos”.

Los chicos siguen aprendiendo a pesar de las dificultades y la falta de recursos.

Con esta nueva situación que enfrentar, la docente destacó el gran apoyo de los padres. “Con tolerancia, acompañamiento y responsabilidad, la familia asumió el rol que hoy deben ocupar ayudando y guiando a los chicos, haciendo todos los días una devolución vía WhatsApp con la actividad resuelta. Eso me permite llevar un control y les puedo hacer una devolución”.

La docente con 31 años de antigüedad que siempre dedicó su labor a la docencia en el ámbito rural para ella el aula es algo más que horarios, pruebas y clases. “La educación rural es una actividad que me gusta y para ella me vivo capacitando. Siempre estoy atenta a que no les falte nada porque hoy están en casa. Sigo estudiando, preparándome, soy curiosa e inquieta porque tengo un compromiso con el niño y los padres que hacen un enorme esfuerzo para que el chico pueda venir a la escuela, y nosotros no podemos jugar con su educación”.

Con un nuevo desafío frente a ella, la seño Claudia revaloriza el rol de la educación. “Hoy se extraña vernos, jugar y compartir el té de la media mañana. Hoy, a la escuela se valora más que nunca y la vemos con otros ojos”, concluyó.

Por Stefanía Musso | LVSJ

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