Vuelta a las aulas en pandemia: vacuna, urgencias y respuestas pendientes

La vuelta a la presencialidad escolar plantea una serie de interrogantes que todavía no tienen respuestas. Funcionarios, docentes y gremialistas dan algunas pistas en esta nota.

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Como un carromato de ejes oxidados que quiere recuperar el lustre que alguna vez tuvo, este febrero el colectivo educativo se va poniendo en marcha, a paso lento y sin tener muy en claro hacia dónde ir. Con todo, la noticia es celebrada de modo unánime: aún con reparos, prácticamente no hay quién se oponga abiertamente a la reactivación de las clases presenciales tras un 2020 en el que la pandemia estragó particularmente a este sector del quehacer social.

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Por estas horas se reabren en Córdoba algunas pocas escuelas, tras casi once meses de inactividad total, y directivos, docentes, estudiantes y familias intentan “pescar” las novedades para ponerse a tono de lo que es un hecho: la provincia retoma en breve las clases presenciales que el coronavirus clausuró en marzo de 2020, un siglo atrás. Relevar el daño será tarea de los próximos meses, intentar dar cuenta del estado de situación, el objetivo de esta nota: el ecosistema escolar es complejo, las incertidumbres están a la orden del día y muchos interrogantes -cuándo, cómo y quiénes vuelven, por ejemplo- serán develados sólo con el correr de las semanas, y en cada escuela en particular.

Lo que se sabe hasta ahora

Tras sucesivos encuentros del Consejo Federal de Educación, definiciones aportadas por la propia cartera educativa nacional y decisiones políticas de cuño local, el ministro Walter Grahovac sacudió la modorra del receso escolar con algunas definiciones importantes. El retorno confirmado a la presencialidad, la prioridad para los estudiantes que cierran ciclo y la puesta en marcha del programa nacional “Acompañar: puentes de igualdad” son algunas de ellas. La visita del ministro Nacional, Nicolás Trotta, ratificó ese rumbo, que de modo ralentizado se va cumpliendo: el miércoles 3 comenzaron a abrirse establecimientos en el marco de un plan nacional que incluye apenas al 6% del total de escuelas cordobesas. Además, muchos de esos edificios o no tienen condiciones de infraestructura e higiene o serán destinados a vacunar, o –peor- sus estudiantes objeto del programa aún no se enteraron de esa posibilidad de revinculación pedagógica.

“Incluir la condición de que los encuentros presenciales se ofrezcan como un derecho y no como una obligación para educadores y estudiantes en tiempos de pandemia”. (Foto: Gobierno de Córdoba)

Desde el 19, en tanto, volverán a las aulas los estudiantes de 6º grado de primaria, o de 6º y 7º año de secundaria que estén en “periodo de intensificación de aprendizajes”, correspondientes al ciclo lectivo 2020. Y el 1 de marzo el resto, aunque en un esquema combinado: una semana presencial y una remota, según “burbujas” de agrupamientos de estudiantes pertenecientes a cada curso.

Además de prometer refacciones, desmalezamientos, acondicionamiento de sanitarios y adquisición de los elementos necesarios para la sanitización de los espacios, el Ministro de Educación de Córdoba desde hace 13 años pidió “paciencia” y “sensibilidad” a los padres.

La agenda gremial

Si hay actores del mundo escolar que vieron trastocados sus planes, son los sindicatos. En esta época del año la norma es discutir la pauta salarial –con lo depreciados que están los sueldos docentes, más-, pero la realidad es que la pandemia y el regreso a las clases presenciales cambiaron todos los ejes de debate.

Repensando qué ocurrió en 2020, Peter Ahrensburg, secretario General del Sindicato Argentino de Docentes Particulares (Sadop) Delegación Córdoba Capital, destaca que “como docentes estamos orgullosos de haber puesto de la noche a la mañana un sistema educativo que no existía”. A contramano de lo que piensan algunos, relativo a que los educadores estuvieron de vacaciones, subraya que “la escuela no paró, sólo cambió de lugar”. Y que en ese devenir, “los recursos fueron puestos por parte de los trabajadores; no hubo ningún tipo de ayuda de parte de las escuelas privadas para sustentar la conectividad o el hardware”. 

“Los docentes queremos volver a las aulas, con las condiciones necesarias para que ningún docente y ningún niño ni familiar tenga que sufrir contagio de covid y poner en riesgo su vida. Para ello, precisamos armar protocolos situados en cada escuela, con los propietarios de los establecimientos, los delegados y los docentes”, dijo, y llamó a “arreglar el salario docente para tener condiciones dignas, y a partir de allí poder negociar la modalidad remota del trabajo que viene para 2021”.

En la misma línea, desde la Unión de Educadores de la Provincia de Córdoba (Uepc), el secretario general Juan Monserrat destaca que “seguimos en pandemia y tenemos que cuidarnos”, señala que “es imprescindible recuperar la presencialidad”, aunque “con prudencia”. “Va a ser de una manera muy acotada, muy discutida y muy contenida en la realidad de cada lugar en el que se desarrolle el acto educativo”, señaló. “Los docentes queremos volver a la presencialidad; nuestra tarea es precisamente estar en contacto con las comunidades y acompañar a los alumnos con dificultades, evitando los contagios”, dijo, y aventuró que “los temas de cuidado deben tener prioridad”.

Por las escuelas

Culminando un período de descanso que en el imaginario social sigue siendo de tres meses pero que en rigor fue de solo uno (enero), los docentes aún no se recuperan de un 2020 crítico y afrontan un escenario incierto, donde a la fecha prima la comunicación informal. A pesar de ello, se van poniendo a tono y van tomando nota de qué difícil será, en algunos casos, arribar a un protocolo sanitario aplicable. Nahuel Nieto, uno de los coordinadores del PIT Paulo Freire -propuesta educativa de Córdoba capital que comparte el centro Lelikelen, ex Hospital de Niños, con otras cuatro instituciones– sostiene que “nuestras aulas son muy chicas, no se podría respetar ningún tipo de distanciamiento y es imposible pensar en protocolos generales, sino que deben hacerse por escuela”.

El docente considera, sin embargo, que “es importante volver a abrir las escuelas”, advierte que “el 2021 no va a ser igual ni al 2020 ni al 2019” y señala que la reapertura “seguramente será sin circulación masiva de estudiantes”. “Es importante lograr la vinculación, favorecer la socialización y que los chicos puedan encontrarse con sus pares” concluye el educador del PIT, un programa especialmente pensado para poblaciones juveniles vulneradas.

“Es necesario que los encuentros presenciales se ofrezcan como un derecho y no como una obligación para educadores y estudiantes en tiempos de pandemia” – Maria Elisa Giommetti, educadora.

Devon Graupera trabaja en seis escuelas de dos niveles educativos, ubicadas en tres departamentos del noreste provincial. La docente considera que “muy complicado que se cierre el ciclo lectivo 2020 de una manera favorable para las docentes, que prácticamente no hemos tenido descanso y nos han sobrecargado de actividades tanto para con nuestros estudiantes como para con el ministerio y el sinfín de planillas sin sentido que tuvimos que hacer durante el año”. Además, apuntó que en las comunidades educativas que integra “fuimos pocos quienes contábamos con las herramientas para atravesar la virtualidad y los medios económicos para sostener el vínculo con los estudiantes”. Y subraya: “El malestar fue constante y las pretensiones y exigencias estuvieron a la orden del día”.

“No creo que la vuelta con el sistema mixto sea la solución, y la presencialidad total es algo lejano. Seremos otra vez las docentes quienes tengamos que salir a bancar las escuelas desde nuestras casas. Pensar en el sistema mixto me genera ansiedad y mucho desgano de arrancar el 2021 de una manera óptima”, auguró.

Cada escuela es, de algún modo, un enigma particular. La ruralidad, por caso, planteó desafíos de difícil resolución. “En la escuela rural la educación fue sostenida con un gran esfuerzo por las familias y docentes, ya que en la zona no hay servicio de wifi y la única empresa que lo ofrece es a un alto costo, totalmente inaccesible para los habitantes”. Quien habla es Carolina Catania, docente del jardín de infantes Presidente Irigoyen, anexo San Clemente. La educadora apunta que “a esto se le suma que en cada familia solo se ha contado con los datos de los celulares personales, lo cual repercutió en una gran dificultad para conectarse”. Y ante ello, “las docentes nos pusimos en contacto con la trabajadora social de la comuna, quien realizó acompañamiento y visitas domiciliarias, logrando una leve mejoría en la comunicación entre escuela y estudiantes”.

Sobre el retorno presencial, subraya que “aún no hemos recibido directivas, pero creemos que los primeros en volver serán las instituciones rurales, por la baja matrícula. Hay que tener en cuenta la vacunación de los docentes, el contar con los insumos para desinfección, y la incorporación de personal auxiliar de limpieza, ya que en nuestra escuela contamos solo con uno para los dos edificios”.

“La presencialidad es de gran importancia por  el rol social que tiene la escuela en las comunidades rurales y para favorecer los procesos de aprendizaje” dijo, pero matizó asegurando que “por la dinámica del nivel, es muy difícil mantener la distancia social y el barbijo durante las tres horas de clases. La seguridad en cuanto a protocolos debe ser garantizada 100% por el Estado, poniendo la salud ante todo. Y en caso de que no se puedan dar estas garantías por un rebrote de la pandemia, el Estado debe ser quien garantice la conectividad”.

“En la escuela suceden cotidianamente  situaciones que no sólo están relacionadas  con los contenidos curriculares, que tienen que ver con lo emocional, y que están fuera de los protocolos, como un abrazo, una sonrisa, un acercarse a escuchar un cuento, a compartir el alimento… y aquí nos surge el planteo: ¿qué escuela vamos a brindar a nuestros niños en estas condiciones? ¿Es necesario precipitar la vuelta a la presencialidad? Deseamos volver a una escuela que sea segura y  contemple todos los aspectos de la educación y del desarrollo del ser de niños y niñas”, cerró y dijo que “en cuanto a protocolos y medidas, aún no nos ha informado nada”.

La vacuna

Dos variables claves atraviesan a este panorama complejo y cambiante: la evolución de los contagios-que en Córdoba muestra un amesetamiento, aunque se analiza día a día- y la irrupción de la vacuna Sputnik V. Como en el resto del país, la primera etapa de vacunación fue destinada al personal de salud, pero febrero inició con una novedad que pasó desapercibida: ya comenzaron a realizarse aplicaciones a docentes en actividad mayores de 60 años o que presenten comorbilidades. La inmunización es voluntaria, y no faltan educadores que, sin mayores conocimientos científicos, pregonan a los cuatro vientos que “la rusa ni loco me la pongo”.

Sujeto por supuesto a la disponibilidad de dosis, que estiman se destrabará en la segunda quincena del mes, el plan de vacunación y el de educación van de la mano; tanto, que es prácticamente imposible imaginar la presencialidad sin la mayor parte del plantel docente inmunizado.

Desde Sadop cifran esperanzas en que avance el plan de vacunación, aunque señalan que “no hay claridad sobre cuándo les va a tocar la vacuna a la mayoría de los docentes de la provincia y el país”.

Monserrat, a su vez, señala que “hay una guerra de vacunas a nivel global, y la compra se está dificultando notoriamente; esperemos que se pueda abastecer rápidamente tanto desde Orientes, Estados Unidos o Europa”.

Los educadores consultados tienen opiniones dispares: Nieto considera que “es importante que haya una fuerte vacunación previa al inicio de clases, para disminuir el riesgo de contagios”, y Catania destaca que “desde la Municipalidad de Alta Gracia nos han enviado un link para llenar un formulario para la vacunación de docentes”, que no tiene fecha.

Graupera cree que “la vacuna es algo lejano, pensando que el regreso a clases está a la vuelta de la esquina y aún no tenemos ni un pronunciamiento del gremio”, y advierte que “podría haber una segunda ola del virus como ya vimos en muchas partes del mundo, y esto va a ser más complejo aún”.

Hay un dato no menor, y es que en general los estudiantes quieren regresar al aula. Camila Cisneros, estudiante del profesorado de Lengua y Literatura de Mina Clavero, señala que “no hay como volver a clases, ese siempre será la esperanza a futuro”. Pero matiza: “Pensar una vuelta implica poner sobre la mesa diversas aristas a tener en cuenta, como por ejemplo el presupuesto que implica acondicionar las instituciones para que sean espacios seguros; además, acá en Traslasierra los colectivos no están pasando con la misma frecuencia que siempre, entonces ¿cómo se va a resolver la movilidad de docentes y estudiantes?, ¿la zona está preparada para la circulación de tal caudal de gente semanalmente? ¿Cómo evitamos una sobreexplotación de la fuerza de trabajo docente si se decide volver algunos días a las aulas  y otros tener clases virtuales?”.

“Quizás lo mejor es esperar que la mayor parte de la población esté vacunada. Mientras tanto, es importante que de la vuelta a clase no solo se ocupen las fuerzas políticas del momento, sino los verdaderos protagonistas: los docentes y los estudiantes”, completa.

Otros estudiantes, de menor edad, son bien directos: en las redes se leen a diario posteos del tipo “No hacía nada en la escuela, pero qué ganas de volver”. 

La escuela soñada

Que la pandemia entraña la crisis más relevante e inédita de las últimas décadas, no caben dudas. Y que el coronavirus desnudó un sinfín de falencias de un sistema educativo anquilosado, fuera de época, y mayormente sostenido por el plantel docente y no docente, tampoco.

Pero la crisis puede ser una oportunidad para construir aulas no hacinadas, docentes que puedan concentrar trabajo en una escuela y cerca de sus casas y no deambular en varios establecimientos, y un replanteo general de las condiciones para enseñar y aprender.

La crisis puede ser una oportunidad de llegar a aulas no hacinadas, docentes que concentren su trabajo en una escuela y un replanteo general de las condiciones de enseñanza y aprendizaje.

En un ensayo difundido a través de la red social Facebook, la docente jubilada María Elisa Giommetti consideró que “ha sido necesaria una pandemia para que visualicemos lo que siempre debió haber sido una condición mínima para mejorar procesos de enseñanza y de aprendizaje”. Y se pregunta: “¿Cómo hemos podido naturalizar la existencia de aulas hacinadas, mochilas en el piso, una disposición del mobiliario  cual el de una iglesia con bancos sin distancia alguna, donde feligreses miran al frente y escuchan  a quien predica una verdad revelada y por lo tanto a partir de la cual no es posible ni deseable construir nuevos conocimientos?”.

De cara al futuro cercano, la educadora -una de las mentoras del PIT- plantea una opción interesante, al señalar que “los múltiples contextos posibles en un país extenso y desigual en más de un sentido hacen necesario incluir la condición de que los encuentros presenciales se ofrezcan como un derecho y no como una obligación para educadores y estudiantes en tiempos de pandemia”.

El posteo completo puede leerse aquí:

https://www.facebook.com/mariaelisa.giommetti/posts/3660343180719486″

En cualquier caso, por fuerza, se impone un contexto escolar radicalmente distinto al del lejano marzo de 2020. Quizás más cercano a esa escuela que nuestros pibes se merecen, y que muchos docentes todavía soñamos. 

 

Fuente: lmdiario

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