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Martillo Roldán, la leyenda del boxeo argentino que alguna vez peleó con un oso y que asegura que puede comerse “una vaca entera”

Ya cuenta 62 años, vive en Córdoba y pesa 150 kilos. Recuerda aquel combate en un circo y aquellas noches de acción en los rings de Las Vegas.

Juan Domingo Roldán. Para los más jóvenes su nombre puede pasar desapercibido. Probablemente no tienen idea de que su nombre está asociado inequívocamente con una gran época del boxeo argentino, allá por mediados de los ochenta, con él como habitual protagonista de las mejores veladas en Las Vegas. Ya pasó mucho tiempo de aquellos combates épicos. Tiene 62 años y parece que nunca se fue de Córdoba. Sus palabras transmiten la tranquilidad que se respira en el interior de la provincia. Y en un mano a mano con Clarín recuerda aquellos tiempos de brillo sobre el ring.

Juan Domingo Roldán en 1983 antes de llegar a Las Vegas.

En Freyre y San Francisco, sus lugares en el mundo, a Roldán lo llaman Martillo. A secas. Todos lo recuerdan como “un gordo bueno” que a los 14 años tuvo la osadía de pelear contra un oso en un circo. También lo señalan como “el tambero”. O como aquél que combatió contra las aguas cuando hubo una inundación en Freyre. Son pocos, sin embargo, los que hablan o saben que Martilloestuvo a punto de ser campeón del mundo en un tiempo en que los medianos, más que una categoría, era una constelación.

“La suerte no me ayudó”, se lamenta Roldán mientras toma un café en un bar de San Francisco.

Martillo Roldán contra James Kinchen en 1987.

Roldán aprendió mucho de Amilcar Brusa, allá en Santa Fe, donde dio sus primeros pasos como aficionado. Sin embargo, su “padre” de la vida fue Juan Carlos Lectoure. Por eso no quiere saber nada con la idea de pasar siquiera por la vereda del Luna Park. “Porque se me pianta un lagrimón. Hay personajes que no merecen morir y ese fue Tito. Se murió y prácticamente desapareció el boxeo en la Argentina”, cuenta. Lo cuenta ojos enrojecidos y sigue: “Todo lo que tengo se lo debo a mi viejo y a Lectoure. Por eso cuando a Tito le hicieron un homenaje no fui porque había gente falsa que no merecía estar en ese acto. Tito fue todo para mí. Una vez, recuerdo, me estaban dando una paliza impresionante y yo me quería ir del ring. Pero Tito no quería saber nada. Me gritaba desde el rincón que no me rindiera, que tenía todo para ganar. Por eso, lo extraño. Siempre estuvo a mi lado”.

Martillo Roldán y su “padre”, Juan Carlos Lectoure.

Roldán hizo 75 peleas como profesional. Ganó 67 -47 de ellas antes del límite-, perdió 5 -cuatro fueron por nocaut- y las dos restantes terminaron sin decisión. En 1981 fue campeón argentino de los medianos y dos años se consagró monarca sudamericano. Ese fue el trampolín para pelear contra los mejores del mundo en distintos escenarios de Las Vegas, la meca del boxeo en los 80.

Uno de los hitos de Roldán: voltear a Marvin Hagler. Fue el primero en hacerlo.

Tumbó en el sexto round a Frank Animal Fletcher en el Caesars Palace y así se ganó el derecho a pelear por el título mundial contra Marvin Hagler el Riviera Hotel & Casino. Fue el primer hombre en tirar a la lona a Marvelous luego de un discutida caída, aunque finalmente perdió por nocaut técnico en el 10° asalto en una pelea inolvidable.

Martillo se agranda cuando recuerda que en el Hilton de Las Vegas también tiró a la lona a Thomas Hearns, aunque la historia también terminó mal porque La Cobra lo noqueó en el cuarto round. Asegura que no fue campeón del mundo “porque había grandes boxeadores y faltó un poquito de suerte”. Y, entre recuerdo y recuerdo, no se olvida de Bob Arum, legendario promotor estadounidense, quien también le dio una mano en su carrera.

Pese a las derrotas con Hagler y Hearns, Roldán nunca se rindió y siempre fue al frente. Hasta en el último intento frente al estadounidense Michel Nunn, con quien peleó por el título de los medianos de la Federación Internacional de Boxeo. Fue nocaut 8 para el hasta entonces  invicto. Por esa paliza dejó el boxeo. Y no se ruboriza a la hora de admitirlo.

Roldan siempre fue solidario. Nunca se resiste a ayudar a una iglesia, un comedor o una escuela. Siempre fue tambero, pero asegura que no sabe ordeñar. “Desde chiquito mi viejo me metió en el tambo”, reconoce.

Y, en su pueblo natal, ahí aparece la gran anécdota de su vida, cuando peleó con un oso. “A Freyre llegó un circo y mi papá me dejó ir. Al término de la función el dueño pidió si alguien se animaba a pelear con el oso. Si ganaba le daba tanta plata y si empataba otro dinero. A los dos nos pusieron guantes especiales porque el oso me podía lastimar. El resultado fue empate. Cuando llegué a mi casa, mi viejo me estaba esperando y me preguntó por qué me había demorado. Le conté y le di el dinero. Me cagó a cachetadas, me quitó la guita y me mandó a dormir. Al otro día me despertó para ordeñar. De esa paliza no me olvido más: me hizo más hombre”, rememora con una sonrisa.

Juan Domingo Martillo Roldán pesa 150 kilos. “Cuando me junto con mis amigos soy capaz de comerme una vaca entera”.

Se siente orgulloso de ser hincha de Sportivo Belgrano y avisa que apoyará a la gestión del nuevo presidente Pablo Esser. Por ahí hay vecinos que no recuerdan que Roldán fue secretario de Deportes de Frontera, una localidad cercana a San Francisco. O que les enseñó a boxear a chicos “para sacarlos de la calle”. Este Martillo fue uno de los boxeadores que más gente convocaba en Córdoba porque llevaba miles de seguidores a Redes y Juniors. “Es que a la gente le encantaba que fuera al frente y buscara el nocaut desde el primer asalto”, dice con una sonrisa cómplice.

Martillo es un gordo feliz. Es también una leyenda. Pesa más de 150 kilos y se ríe cuando dice que es de poco comer. “Pero cuando me junto con mis amigos soy capaz de comerme una vaca entera. Y digo la verdad, me reúno seguido con los vagos en San Francisco o en Freyre. Además… Qué lindo es comer y compartirlo con amigos”.

“Al chico Santillán no lo cuidaron como se debía”

No le escapa Martillo a la polémica cuando se le comentan las críticas al boxeo por la muerte de Hugo Santillán. “Lamento en el alma lo ocurrió. Nunca debió pasar y no debe volver a pasar”, dice Roldán. Opina que “ya se sabe que mejor que curar es prevenir y acá eso no pasó. El padre no cuidó al chico porque le tendrían haber hecho los estudios psicofísicos para saber cuáles eran sus condiciones para pelear porque venía de un combate duro”.

A la hora de buscar responsables, Martillo fue más allá: “¿Dónde estaba la Federación Argentina de Boxeo o los médicos que debieron controlarlo? Este muchacho no estaba en condiciones de pelear bajo ningún punto de vista. Si no hay controles, esto no va a mejorar. No importó el ser humano, hubo otros intereses y por eso el boxeo argentino está en decadencia”.

MFV

Fuente: Clarín

También compartimos unas fotos cuando estuvo por Balnearia el 4 de septiembre de 2016 viendo un partido de fútbol en la cancha del Club Sportivo Balnearia.-

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