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Cuarto gobierno K: la guerra contra la clase media que podría cambiar a la Argentina

El otro día me fui a dormir con una imagen espeluznante, que no ocupó el centro de las noticias, pero que habla muchísimo de la crisis de anomia en la que está envuelta la Argentina.

En Tucumán los vecinos lincharon a un sospechoso de haber violado y matado a una nena de 9 años y subieron el video del ajusticiamiento en las redes, como si un crimen en manada no tuviera responsables.

El hashtag de este acto atroz de justicia por mano propia eran tendencia en Twitter #unomenos.

Y vos dirás ¿qué tiene que ver esto con la política o la economía? Todo. Los vecinos asesinaron salvajemente a un sospechoso y se enfrentaron a la policía porque no confían ni en la policía, ni en la Justicia.

Ese acto atroz es fruto de la anomia -falta de reglas claras- la desconfianza, la ausencia del estado, la ausencia de justicia, la degradación económica.

Por estos mismos motivos podemos explicar desde el aumento del dólar blue hasta la toma de tierras sin sanción de la Justicia, ni reacción del Estado.

Incluso, también podemos explicar la mala praxis de la pandemia: ausencia del Estado por donde lo mires, en una fuerza política que se llena la boca hablando de un “Estado presente”.

¿Te acordás que Alberto Fernández criticaba a Italia por los estragos del Covid?

La Argentina se acerca a la tasa de mortalidad de Italia. Italia tenía en las últimas 24 horas 609 fallecidos por millón de habitantes, mientras que la Argentina, que ya pasó el millón de contagiados, tiene 607 fallecidos por millón.

Hoy hablaba con un encuestador de los conocidos y me decía: todos los indicadores dan mal y, más allá de los sectores politizados a uno y otro lado de la grieta, hay una gran desilusión con la dirigencia política.

Por primera vez en muchos años, en todas las mediciones se repite todas las semanas el problema del desempleo al tope de las preocupaciones.

Hay una tensa calma en el ambiente, como si nos levantáramos cada mañana esperando que “algo” suceda, algún desenlace.

Este mismo encuestador me decía: también puede pasar que la Argentina vaya desbarrancando sin ninguna crisis, ni estallido. Que simplemente profundice su deterioro.

El primer signo de este deterioro es el resquebrajamiento de la clase media,que históricamente fue el motor de la Argentina y el sello distintivo de nuestro país, con respecto a otros países de América Latina.

Una clase media que es la que nutre los banderazos, la que está conectada con los medios de comunicación, la preocupada por la Justicia: una clase media mayoritariamente enfrentada, en términos ideológicos y de valores, con el cuarto gobierno kirchnerista.

El deterioro de la situación económica empujó a amplias franjas de clase media hacia la clase media baja, que cambió de status económico pero no de valores.

El gobierno de Alberto Fernández y Cristina Kirchner parece haberle soltado la mano a la clase media. Massa busca recuperar a parte de esa clase media y sale a disputarle el centro a su amigo Horacio Rodríguez Larreta.

Después del 17 de octubre, la oposición relanza la convocatoria al 8N. En las redes sociales llaman a salir a las calles una vez más para manifestarse contra el Gobierno. “Si no nos dejan soñar no los dejaremos dormir”, es el slogan.

Del otro lado de la grieta, el próximo martes 27 hay un doble aniversario: se cumple un año de las elecciones presidenciales de 2019, pero también, más relevante para la liturgia oficialista, una década de la muerte de Néstor Kirchner.

Los Fernández, una pareja a la que le cuesta muchísimo mostrarse unida, van a encabezar este acto que para Cristina es definitivamente mucho más importante que el 17 de octubre.

Batalla cultural

Mauricio Macri: “Hoy el peronismo es el partido de los que no trabajan”. Berni, desde el peronismo, salió a contestarte “Macri garantizaba la paz social en la calle pagándoles a los piqueteros”. Pichetto podría darle la razón: “El gobierno de Macri le daba plata a los enemigos”.

Y en medio de la crisis nace el movimiento libertario, una alianza entre José Luis Espert y Milei que, según la consultora Opina Argentina, que dirige Facundo Nejamkins, tiene 10 por ciento de intención de voto.

Es una novedad política. Se trata de una fuerza que podríamos llamar la derecha ultraliberal. Los candidatos antisistema, que, además convocan a jóvenes, que por lo general están desinteresados de la política.

Milei y Espert tienen rating en la televisión, de la misma manera que miden periodistas que critican al sistema político en general. Es el fenómeno de Baby Echecopar. Son outsiders, por fuera del sistema.

¿El rating se traduce en votos? No necesariamente.

En la década del 80, Álvaro Alsogaray, líder de la UCEDE y un dirigente de la derecha liberal, era muy escuchado en los medios, pero decía: “Todos me escuchan, pero nadie me vota”. El propio Espert sacó 1,4% como candidato a presidente en las elecciones presidenciales.

Sin embargo, esta crisis en la que hoy está envuelta la Argentina es diferente y mucho más profunda. No hay manuales para hacer diagnósticos.

Barones y baronesas

Axel Kicillof tuvo un furcio fenomenal, cuesta creer que haya estudiado en el Colegio Nacional Buenos Aires y al otro día la embarró aún más cuando lo quiso aclarar.

Hablando de la geografía que gobierna confundió “varones” con “barones”. Dijo: “Nadie habla de ‘baronesas del conurbano'”.

Claro, nadie habla de baronesas por una sencilla razón: el peronismo bonaerense, del que él es aliado, junto con el sindicalismo peronista, ha sido y sigue siendo tan machista que las mujeres solo pueden acceder al poder si lo heredan.

Es el caso de Cristina Kirchner, que es la viuda de un caudillo, igual que lo era Isabel Perón. Y no estoy comparando a una con otra.

Los resortes machistas del peronismo, un partido creado por un militar, no le hubieran permitido llegar a través de la libre competencia democrática.

De hecho, la palabra “barón”, como título nobiliario, no como sinónimo de hombre, la inventó el periodismo político para nombrar a esa oligarquía peronista que se perpetuaba en el poder, cuando existía la reelección indefinida y que, como en las monarquías, pasaba de padres a hijos.

En los sistemas feudales de las provincias pasa lo mismo, el poder se transmite de maridos a esposas. Pero eso es fruto de los sistemas autoritarios, como el PJ bonaerense o el sindicalismo de Moyano, no de la democracia.

La argentina bizarra

Hoy D’Elía propuso que vayan presos los que compran y vender dólar blue, como si el problema estuviera en la gente que busca un refugio para evitar que los pesos se le derritan en la mano y no en la mala praxis del Gobierno que, entre otras cosas, emite 100 mil pesos por segundo.

Fuente: LN+

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