Con agujas de coser reescriben su historia

El arte de la costura ayuda a vislumbrar un proyecto alternativo de vida. Así lo experimenta un grupo de mujeres que, bajo la modalidad de prisión domiciliaria, realizan una actividad productiva que contribuye al rol de sostén de familia.

Es mucho mas que un buen momento. Su impacto trasciende las cuatro horas semanales en que asisten a una capacitación en oficio. Ellas son diez mujeres que cumplen la pena de prisión efectiva o preventiva bajo la modalidad de detención domiciliaria y, bajo autorización judicial, cursan el Talle de Moldería y Costura coordinado por  la Dirección del Patronato del Liberado del Ministerio de Justicia y Derechos Humanos conjuntamente con la Secretaría De Equidad  y Promoción de Empleo. 

Las mañanas compartidas dejan su huella en la vida cotidiana y en el “buen ánimo” con el que regresan a sus hogares. Lo describen de ese modo cuando explican la importancia del curso en sus rutinas. Los relatos coinciden en que no solo se trata de aprender a coser. Cada confección de una nueva indumentaria se suma al ejercicio de remodelar el presente y proyectar el futuro.

La Dirección del Patronato del Liberado apuesta por segundo año consecutivo a este dispositivo de inserción socio laboral para mujeres privadas de su libertad. “Este proceso de formación permite recuperar ciertas habilidades sociales dañadas por múltiples circunstancias de la vida. El fomento al trabajo en equipo, el compromiso de cumplir horarios, de limpiar el espacio utilizado son algunas de las cuestiones que se abordan en el curso”, explica Patricia Corvalán.

Psicólogas y trabajadoras sociales acompañan el trayecto grupal que finalizará a fin de año con un desfile de moda. Durante estos meses el aprendizaje fue progresivo. Empezó con la incorporación de una técnica, permitió el descubrimiento de habilidades personales  hasta llegar a lo que resulta fundamental para quien es jefa de hogar: encontrar una posibilidad de ganarse la vida y dar el ejemplo a sus hijos e hijas.

El grupo en silencio escucha a una compañera expresarse: “Pienso trabajar de esto. Hoy hago una camperita pero el día de mañana pienso hacer muchas camperitas para niños. Le digo a mi hija que yo estoy sacando lo mejor de este curso porque se puede reescribir la historia”.  Un clima de emoción invade un momento en que la moda y las agujas de coser  se entremezclan con la compleja experiencia de ejercer la maternidad en la condición de prisión domiciliaria sin mas compañía que la de sus pequeños y pequeñas.

Se suman otros relatos. “Esta es la mejor salida que tenemos. Mas que ir a un hospital o a tribunales no salimos a otro lado. Acá no solo aprendes, también te despejas. Volvés de otro ánimo a tu casa”. El recreo se convierte en el único momento de la semana en que muchas de ellas comparten un mate con pares. “Es raro que alguien te vaya a visitar. La gente se aparta, la familia se aparta. Llegas a un momento en que te sentís sola y te ves solamente con tus hijos”, manifiesta otra compañera.

De eso se trata el dispositivo de inserción socio laboral, de escuchar, contener, abrazar y facilitar que las oportunidades integrales lleguen, mientras tanto, el tiempo avanza entre costuras.

El pasado miércoles el grupo recibió la visita de directivos y técnicos de la Subsecretaría de Asuntos Penitenciarios del Ministerio de Justicia de Derechos Humanos de la Nación.

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