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El gran corazón de Burdisso

En 2019 recibió una de las peores noticias de su vida y casi deja el fútbol, pero no bajó los brazos, la peleó y hoy está por jugar una final continental. Guillermo Burdisso y una historia de superación.

Hay muchas cosas que a los futbolistas les cuestan lágrimas, les hace girar una vida de sacrificios. Lesiones, roturas, fracturas… ver paralizada o terminada una carrera de repente.

Ante las dolencias del músculo y el hueso, muchas veces hay esperanzas para volver. Pero el corazón, al igual que en el amor, puede traicionar y herir el alma de por vida. Aunque claro, esta vez es en el sentido literal.

Guillermo Burdisso (26/09/1988, Córdoba), el hermano menor del ex Boca Nicolás, hace un año le tocó encarar una dura realidad. En junio de 2019, al pasar de Independiente a San Lorenzo le dieron una mala noticia: no pasó los exámenes médicos.

El motivo: una arritmia cardíaca. El consejo de los médicos es que no podía jugar y lo mejor era retirarse.

Bordeando los 30 años, edad que anuncia jubilaciones en este deporte, la vida y los médicos negociaron con él: tres meses de inactividad física y en diciembre, a ver si puede volver.

Roma, Boca, León, Galatasaray, Arsenal de Sarandí… Guillermo, defensor central, ha rodado por el mundo. Hasta un partido con la absoluta argentina suma. Su luz no encandila, pero tendrá una trayectoria para contar a sus nietos.

Pero, parecía llegar a su fin. Burdisso se abrazó a esa esperanza: tres meses sin ejercitarse, sin estrés, sin mirar mucho fútbol. Buscar paz para sanar el cuerpo.

“No estás preparado porque dentro de todas las malas noticias nunca esa. Menos a esta edad, entonces, que me lo hayan dicho en un momento tan bueno de mi carrera, cuando pasaba de un club grande a otro club grande, fue un palazo duro”, dijo a La Nación cuando estaba recuperándose.

La terapia no incluía nada de agitación, ni siquiera su querida bicicleta. Se buscaba que su corazón se acercara al de una persona normal, y por su dinámica, el corazón de un atleta se atrofia. Guillermo encontró una pasión oculta, que le permitió estar de pie.

“Me negaron hacer bicicleta porque no puedo hacer cardio, pero hay algo que me gusta y que puedo hacer sin problema: jugar al golf. Me pusieron un holter y, como no salió nada malo, si tengo dos horas, me voy a jugar al golf. Si tengo seis horas, me voy a jugar al golf”.

Entre palos, hoyos y pelotas transcurrió la recuperación. A los meses, tocó reacondicionamiento físico.

Burdisso, latir por el fútbol

En diciembre, todo estaba bien. Burdisso podía volver a jugar. Se asomaron Rosario Central y Atlas de México. Pero hubo una llamada que lo impactó.

“Los primeros días de enero me llamaron de Rosario Central y del Atlas de México, pero también me llamó Luis (Zubeldía). La charla con él me motivó mucho: me dijo que me iba a entrenar, a mejorar y a competir por un puesto. Aunque lo que más me gustó fue que me dijo que arrancaba de atrás, los otros no me dijeron eso, yo necesitaba ese desafío de ganarme un puesto, eso fue clave para decidirme por Lanús”, sostuvo en su momento.

Zubeldía quería llevarlo de a poco. Pero en el segundo duelo, tenía a todos los centrales suspendidos y le tocó jugar. ”El partido con Godoy Cruz fue el primero que pude jugar y fue como volver a debutar, pero con 31 años. Disfruté mucho el volver a concentrar, volver a ser titular y sentir ese cosquilleo”.

Con pandemia, parones, torneos alargados y reprogramados, Burdisso se ganó la titularidad. Es un indiscutible en la defensa, donde el resto de sus acompañantes bordean los 20 años. Y el club lo agradece, pues también termina siendo un formador.

En septiembre, su vena guerrera le hizo lanzar un objetivo: “Quiero pelear por uno de los tres títulos en juego, pero si me pones a escoger uno, voy por la Sudamericana”. Cuenta seis partidos como titular con el Granate por el torneo continental.

Este guerrero, de gran corazón, jugará este sábado la final de la Copa Sudamericana, con Lanús, un equipo muy bravo. Su rival, Defensa y Justicia, no se lo pondrá fácil, pero este hombre que ha pasado por tantos retos, sacará pecho para intenta besar la copa. Como si fuera parte de un guión, la final será en el Mario Kempes, de Córdoba, su provincia. Seguro que su corazón, hoy late más fuerte que nunca.


Fuente:
 Idioma Fútbol / fortalezagranate

 

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