Santi llegó desde Ucrania para cumplirles el sueño de ser padres

Estudiá en Balnearia

Elena y José (El Pepe Tarditti de la Localidad de Balnearia) cruzaron medio mundo para apodar a Santiago, un niño llamado Vasily que vivía en un campamento de refugiados en Kiev, donde lo visitaron y desde entonces, nunca más se separaron. La adopción internacional tardó menos de 9 meses. Hoy pasarán su primera Navidad juntos en Josefina.

 

Santiago -o Vasily- llegó desde Ucrania a Josefina (Santa Fe) para formar parte de la familia de Elena Tarulli y José “Pepe” Odone Tarditti, dos docentes de vocación.

El matrimonio cruzó medio mundo para adoptarlo. Se instaló en ese país durante cinco meses hasta lograr la adopción internacional del niño de 10 años que quedó huérfano y hoy pasarán la primera Navidad juntos y después, en enero, su cumpleaños. 

LA VOZ DE SAN JUSTO recorrió 16 kilómetros y visitó el hogar de los Tarditti para conocer la historia de amor de esta familia.

“Ser padres para nosotros es un sueño hecho realidad. Esta Navidad, Dios nos regaló a Santiago”, expresan emocionados Elena y José. Y la mirada que desprenden los ojos celestes de Santiago lo confirma.

“La adopción internacional se dio gracias a un gran esfuerzo ya que nadie nos garantizaba en la Argentina ser padres; el panorama aquí es incierto”, afirman con cierta resignación y desalentados por las demoras en el sistema de adopción de nuestro país. 

 

Una nueva familia, un regalo

“Mamá y papá. Bellos, felices, cariñosos, bonitos y de gran corazón”. Para el niño, todos esos adjetivos describen a sus padres adoptivos argentinos, a esos que conoció meses atrás cuando se aparecieron en el campamento del orfanato ucraniano en el que él estaba desde muy chiquito.

“Algunas personas se quejan de los padres que tienen, pero yo en cambio agradezco mucho a Dios por lo que me brindó. Puede que no haya crecido entre riquezas materiales, pero ellos siempre me rodearon de mucho amor y gracias a ellos he crecido muy feliz. Los quiero muchísimo padres amados y siempre les agradeceré todo lo que hacen por mí”, escribió Santiago, en un español fluido.

 

La vida en el pueblo

El niño asiste a la escuela Florentino Ameghino en Josefina y a pesar de su perfil europeo, más frío, correcto, de carácter fuerte y amable, su sonrisa delata la felicidad que le genera tener una familia; tener una segunda oportunidad.

“Papa Noel ya me trajo la pileta y la bicicleta”, cuenta Santiago. “Pero solo anda en bici por la plaza bajo mi mirada”, aclara mamá Elena, cuidadosa.

Santi se hizo hincha de Boca Juniors, aunque su papá es de River Plate. “Debe ser por los colores de la bandera de Ucrania” -de intenso amarillo y azul-, se consuela Pepe. De todos modos, ambos también simpatía con Talleres de Córdoba, y coinciden. La libreta escolar define al extranjero como “amigo de todo Josefina”. No lo adoptaron solo los Tarditti, el pueblo también lo adoptó.

 

 

 Elena, Santiago y José conformaron una familia feliz en Josefina, un pueblo que abraza su historia

La esperanza en otro país

En 2009, tras conocerse por Internet, Elena, oriunda de Tucumán, y José, de la localidad cordobesa de Balnearia, comenzaron una relación. “Nuestra casa está integrada por un balnearense, una tucumana y un ucraniano”, bromean sobre ese crisol de orígenes que empapa de alegría y costumbres su casa en Josefina, donde viven desde hace tres años, tras casarse en 2012.

Pepe es diseñador industrial y da clases en el Ipet Nº50 “Ing. Emilio F. Olmos” de San Francisco. Elena, por su parte, es abogada pero no ejerce el derecho, sino que es profesora en el Cenma Nº 145 de la Ipem Nº 264 “Teodoro Asteggiano” también de nuestra ciudad.

Ni la naturaleza ni la ciencia pudieron darles un hijo, pero no se rindieron y finalmente esa bendición llegó desde donde menos lo imaginaban. “El primer año que viví en San Francisco quedé embarazada pero sufrí un aborto espontáneo. Desde entonces, empezó nuestra búsqueda”, recuerda Elena.

La pareja se sometió a una serie de estudios médicos e incluso, acudieron al método de inseminación artificial para convertirse en padres, pero los intentos fueron fallidos. “Hice cuatro tratamientos y ninguno resultó. Ahí nos dimos cuenta que la adopción era una posibilidad en nuestra vida”, confían.

Fue así que en 2012 se inscribieron en el Registro Único Provincial de Aspirantes a Guarda con Fines Adoptivos en la ciudad de Rafaela, en la provincia de Santa Fe. “En la última etapa de intentos nos inscribimos en el Registro, con requisitos. A los dos años, renovamos este deseo porque no podíamos hacer más tratamientos y Elena comenzó a deprimirse por lo que me puse firme en buscar otra alternativa”, añade José.

 “Sabemos que el promedio de espera de adopción en la Argentina es de 10 años, que es muy difícil, aunque hay mucha demanda”. Entonces, la adopción internacional y sus tiempos más ligeros, se presentó como una esperanza.

Pero, ¿por qué en Europa?. “Tenía un contacto que había adoptado en Rusia, pero también averigüé en Haití y en Ucrania, donde sabía que era más fácil el proceso de adopción”. El promedio de demora para adoptar en esos países es de tres años. “Ucrania resultó elegida porque era menos costosa y nos aseguraba todas las condiciones”, explica el matrimonio.

 

Amor a primera vista

Tras contratar a un facilitador, en diciembre de 2016 enviaron a Ucrania la documentación requerida. En enero de 2017, se aprobó y el 27 de marzo de este año obtuvieron la cita en el Departamento de Servicios Sociales y en el Servicio de Adopciones de Kiev, la capital de Ucrania. “Lo vimos a Santi en un expediente y nos enamoramos a primera vista”, dice la mamá.

Permanecieron en Ucrania desde el 24 de marzo hasta su regreso a la Argentina, el 29 de agosto, ya con Vasily Santiago -el primero, el nombre del niño en Ucrania y segundo, el que eligieron sus padres adoptivos-.

El encuentro con Santiago fue en un campamento en Mykulychyn, los Montes Cárpatos, a más de 800 kilómetros de Kiev. “Me dijeron que venían unas personas de visitas en el campamento”, rememora Santi. Luego del encuentro, a los cinco días las autoridades consultaron al niño si quería a los argentinos como su familia. “¡Les dije que sí!”, se exalta el niño.

El tiempo de espera de la sentencia firme de adopción sirvió de períodos de adaptación mutua, de otras costumbres e idioma, pero fue sin duda un primer acercamiento feliz.

“Nos encontramos todos los días, durante tres o cuatro horas desde abril hasta julio en una habitación pequeña donde jugábamos, aprendíamos el idioma y él, el español hasta que llegó el juicio y la sentencia”, agregan.

El pasado 11 de agosto Santiago pudo dejar el campamento y con todos los papeles en regla, los Tarditti emprendieron el regreso a la Argentina, pero ya no eran dos, sino tres.

 

La adopción en Ucrania

La ley ucraniana establece que Santiago seguirá teniendo esa nacionalidad hasta los 18 años, y además, la argentina por opción. Para lograr una adopción internacional en Ucrania, los padres deben ser mayores de 25 años y tener una diferencia mínima de 15 hasta 45 años con el menor.

En su mayoría, los niños tienen más de 5 años,  quedaron huérfanos a causa de la guerra y no fueron reclamados por ninguna familia ucraniana. Solo se aceptan parejas casadas no así de hecho, monoparentales u homosexuales.

Tras el análisis de la documentación por parte de las autoridades ucranianas, los adoptantes pueden acceder a carpetas de menores en adopción, elegir el niño y una vez aprobado el trámite, ir al orfanato a conocerlo.

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