Desde la UBA, valorizan antiguos saberes campesinos

Estudiá en Balnearia

Luego de muchos años de intercambio, estudiantes y docentes de la FAUBA y productores
familiares del Mocase Vía Campesina están recuperando el monte y la producción forrajera en
el norte de Santiago del Estero.


(SLT-FAUBA) Un trabajo conjunto realizado entre la Facultad de Agronomía de la UBA
(FAUBA) y el Movimiento Campesino de Santiago del Estero (Mocase) Vía Campesina está
permitiendo recuperar el monte y la productividad ganadera en diferentes comunidades del norte
de esa provincia argentina. La iniciativa involucra la puesta en valor de saberes ancestrales a
partir de los cuales se logró identificar y conservar la diversidad de pastos nativos, algunos de
gran valor forrajero.


Sergio Cuellar, productor familiar de la localidad santiagueña de Las Lomitas e integrante del
Mocase Vía Campesina, celebró el intercambio que logró establecer su comunidad con la UBA:
“Antes pasaron muchos técnicos de diferentes organismos, pero sólo para decirnos qué teníamos
que hacer. Nosotros queríamos trabajar en conjunto, integrados y con respeto, compartiendo
saberes. Por eso estamos muy contentos de esta experiencia con la Facultad de Agronomía. Es
un trabajo concreto y de aprendizaje mutuo, que nos ha motivado”.

Cuando nos llevaron a conocerlos, encontramos que podía ser un punto de partida para
recuperar el estrato herbáceo del monte”.
“Hace muchas generaciones que nuestros viejos marcan los corrales a ramas. Cuando llegaron
los estudiantes empezamos a caminar y a ver por dónde iban las lenguas de pastos naturales, y
ahí fuimos haciendo un gran camino”, dijo Cuellar. Y añadió: “Con el trabajo en conjunto con
los estudiantes y los profesores descubrimos que el pasto natural tiene valor. Hicimos nuevos
cerramientos y los vimos crecer”.
Desde el interior de estos cercos se inició la investigación. El primer trabajo consistió en
estudiar el banco de semillas para identificar las especies conservadas bajo la tierra. Así se
encontraron nueve especies de pastos, que incluyen siete géneros diferentes, y se detectó una
forrajera nativa en especial, Trichloris crinita, que poseía un gran potencial forrajero.
“Junto a la comunidad pensamos que esta especie nativa podía ser una buena alternativa para
conservar el monte y, a la vez, producir en esa misma zona”, dijo Couso. Ahora, el objetivo es
avanzar en una “restauración productiva, porque al mantener un sistema con toda su diversidad
de especies nativas y sus genotipos, el ambiente y las poblaciones se vuelven más estables y
permiten sostener la producción en el largo plazo”, señaló. En este caso, la clave del éxito
estaría en ajustar bien el manejo de los pastizales.
“Luego empezamos a estudiar qué pasaba con la biodiversidad de especies en la superficie,
mediante la caracterización de la cobertura total, dentro y fuera de los cercos. Además
utilizamos marcadores moleculares para estudiar en el laboratorio la variabilidad genética de la
especie forrajera más abundante, T. crinita”.
Suelos sedientos
En otro de los recorridos, los campesinos se refirieron a aspectos del suelo que marcaron un
nuevo hito de la investigación colaborativa. Desde la comunidad indicaron que “en los suelos
sedientos no crece nada”. Los investigadores intentaron comprender en términos académicos el
significado de la palabra sedientos, porque la falta de agua es una característica de todo el
sistema local.
“No lo dicen en términos de textura, pero sí asocian las especies de la superficie con lo que ven
en el suelo. Entonces, como tenemos los vicios de la academia, quisimos saber qué
características de textura y estructura tienen esos suelos”, dijo Couso. Al respecto, el equipo de
investigadores de la FAUBA adelantó que ya se realizó un muestreo de suelos junto a
integrantes de la comunidad y se están analizando los resultados en el laboratorio para intentar
dar respuestas a estas preguntas.
“Lo interesante es que ellos mismos tienen muchas de las respuestas para la restauración.
Nosotros sólo intentamos ordenar esa información y buscar las conexiones de causa y efecto de
los procesos para luego planificar con la comunidad un manejo específico”, señaló Couso. “Con
esta experiencia sobre conservación de pastos naturales estamos aprendiendo nosotros de ellos y
ellos de nosotros”, añadió Cuellar
A partir de estos trabajos, la investigadora adelantó que buscan seleccionar los materiales
de Trichloris que se destaquen por su potencial productivo y que estén bien adaptados al
ambiente local, para multiplicarlos y disponer de semillas para sembrar. Además, apuntan a
establecer un sistema de rotación y de descanso para recuperar determinadas áreas, sin el
pastoreo y el pisoteo de los animales.

“Buscamos recuperar el sistema sin intervenirlo. De ser necesario, podríamos agregar material
nativo en las zonas más complejas, limitadas por la textura del suelo o por otras características
que estamos evaluando”, destacó.


Más intercambios
Las visitas de los colaboradores de este proyecto de investigación no sólo se limitaron a
Santiago del Estero. Cuellar también viajó hasta la Ciudad de Buenos Aires en diferentes
oportunidades, donde participó de encuentros con docentes y estudiantes en la FAUBA.
“Ya tenemos una relación de muchos años con la gente de la UBA y con los chicos del FANA.
Para nosotros ha sido una gran alegría compartir experiencias. Ahora estamos tratando de
trasmitir a otras comunidades que pueden ir recuperando sus pastos”, dijo, y subrayó: “Los
chicos también están haciendo sus tesis. Nos encanta hacer ese trabajo”.
A partir de este trabajo colaborativo en esa Central del Norte, ya se concluyeron las tesis de
Javier Ayesa, Claudia Marengo y Lautaro Castro. También hay otras siete en marcha (de
Alejandro Amartino, Micaela Bravo, Belén Mayer, Azul Popper, Steven Rall y Sebastián
Weinstein). Estos trabajos se suman a otras 13 tesis de grado realizadas con anterioridad en la
misma organización en distintos lugares de la provincia.

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